Cada
vez que hemos tenido a cargo esta secretaría se buscó constantemente la forma
matemática que haga el reparto de las becas lo más justo posible, de esta forma
implementamos un sistema de reparto escalonado que asigna mayor cantidad de
copias a los que presentan mayor urgencia económica. En el primer cuatrimestre
de 2012, fueron adjudicados 103
estudiantes, mientras que en el segundo cuatrimestre lo hicieron 93.
Similares
condiciones se dan en las Becas de Trabajo las cuales son explicadas con
detalle en las memorias de Presidencia.
Como
todos sabemos, la educación es uno de estos derechos fundamentales en el cual
hacemos hincapié ya que nos da herramientas para desenvolvernos, conocer
nuestros derechos y obligaciones y no ser fácilmente manejados por grupos de
poder que pretenden mantener estas desigualdades para su propio beneficio.
Nuestra
Universidad no escapa al modelo y reproduce la lógica y las prácticas políticas
del poder hegemónico dominante, fragmentando, mercantilizando y, por sobre
todas las cosas, naturalizando las desigualdades. Esto se visualiza desde el
momento en que nos inscribimos a cursar una carrera de grado: tenemos que pagar
aranceles para legalizar el título secundario, la cuota para usar el predio
deportivo, nos ofrecen asociarnos a una cooperadora cuyos fondos no sabemos a
qué se destinan, los cursos pagos de educación a distancia, y la lista sigue.
Si bien a la mayoría pueden parecerles cifras no acaudaladas, son una barrera
para otros que puede dificultarles la posibilidad de acceder a una educación
superior. A partir de la L.E.S. (año 95)
las universidades tienen la posibilidad de autofinanciarse, es decir, de
generar sus propios fondos a partir de la venta de servicios o del cobro de aranceles.
Además, establece que el propio producido
debe ser destinado a programas de becas de ayuda a estudiantes y que no
podrá ser utilizado para gastos corrientes. Estas políticas excluyentes puestas
en práctica por el Gobierno de la Universidad, la lleva a generar sistemas de
becas que no tienen como fin cambiar esta situación desigual sino
profundizarla. Por un lado, la cantidad de becas nunca podrá igualar a la
cantidad de personas que las necesitan; por otro, para acceder a ellas se deben
cumplir ciertos “requisitos”, entre ellos muchas veces se encuentra el
desempeño académico (que está influenciado por circunstancias particulares: un
estudiante que trabaja no posee el mismo tiempo para cursar y estudiar que uno
que no lo necesita), juntar papeles y certificados que demuestren que estamos de
alguna forma limitados por nuestra condición económica, etc. Esto crea una
especie de competencia para ver quién es más necesitado y a esa persona
asignarle la beca, lo cual no quita que aquellos que quedaron descartados
puedan acceder de igual manera a la educación.
Reconocemos que estas
becas no solucionan ningún problema, como lo dijimos anteriormente, pero si son
una ayuda para algunos compañeros (¿Qué pasa cuando una beca finaliza? ¿El
problema está solucionado?). Un Centro de Estudiantes por sí solo no puede
revertir una situación de desigualdad establecida desde los gobiernos pero sí
puede generar conciencia de la misma en lugar de utilizarlas para clientelismo.
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